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Emotion
En la parroquia nos quedamos después de preparar las canastas porque alguien había llevado bizcochos. Yo ya tenía las llaves en la mano para irme, pero me hicieron lugar y terminé sentado un buen rato. No hablamos de nada importante, uno contó un viaje en ómnibus que le salió desastroso y nos reímos bastante. Volví contento, de esa manera tranquila que no se nota mucho desde afuera. Lucía me preguntó si habíamos terminado tarde y le dije que no, que me había quedado conversando. Le sorprendió un poco. A mí también. No siempre tengo ganas de estar con gente después de trabajar, pero hoy me habría dado pena llegar cuando ya estuvieran juntando las tazas.
Mind
Mi hija me pidió un cuento sin libro y empecé uno sobre un perro que se perdía. A los dos minutos ya quería saber dónde estaba el dueño, por qué no tenía collar y si había comido. Me encontré tratando de que todo cerrara, como si después tuviera que entregar un informe. Ella resolvió el asunto diciendo que el perro sabía manejar y podía volver solo. Me costó seguirle la idea, no por creer que estuviera mal sino porque yo ya estaba buscando una explicación para cada cosa. Ahora pienso en ese perro al volante y me da gracia. Mañana seguro me pregunta qué pasó después. Todavía no sé, pero probablemente no necesite averiguarlo antes de empezar a hablar.
Body
Salí de la sala y la luz de la mañana me hizo entrecerrar los ojos, aunque el cielo estaba bastante gris. Adentro no me parecía estar tan cansado; en la parada del ómnibus empecé a bostezar uno atrás de otro. Tenía frío en las manos y calor debajo de la campera, una combinación bastante incómoda. Cuando llegué, Lucía ya había salido y pude acostarme sin hablar, que era lo que más necesitaba. Al cerrar las cortinas sentí los párpados pesados, pero los hombros seguían duros contra la almohada. Me di vuelta varias veces. Después no sé cuánto dormí, sólo que me despertó hambre de almorzar y por un momento no sabía si era de mañana o de tarde.