Emotion
Mi mujer y yo coincidimos para comer unos fritos en la esquina, sin estar pasándonos la niña o recordándonos quién había pagado qué. Me dio una alegría boba verla pedir por los dos, porque todavía sabe cuál arepa voy a escoger aunque yo me demore mirando. Hablamos de una vecina y nos reímos bastante, nada importante. Después le sonó el teléfono por un asunto de la clínica y me dio fastidio que se acabara ese rato. No era culpa de ella, ya sé, pero yo había empezado a sentir que teníamos la noche libre cuando apenas teníamos media hora. Al llegar a la casa todavía me estaba riendo de lo de la vecina. Hacía falta sentarnos así.
Mind
Buscando una foto del recibo de la moto encontré veinte almuerzos y casi la misma cantidad de fotos de la niña dormida. Tomo fotos para no olvidar las cosas y después no encuentro nada entre tantas, una organización impecable, ajá. Lo curioso es que viendo los platos recordé con quién comí y hasta qué turno llevaba, pero de algunas fotos bonitas no me acuerdo de nada. La que más me gustó está movida: mi hija salió corriendo antes de que yo terminara de enfocar. Se ve medio brazo y el ventilador detrás. La guardé aparte, junto al recibo que por fin apareció, aunque esas dos cosas no tengan ningún sentido en la misma carpeta. Nadie está inspeccionando mi celular.
Body
El domingo en softbol agarré una pelota bajita que ya iba dando por perdida, y me quedé contento con las piernas hasta que tocó subir los tres pisos de la casa. Ahí sí pidieron explicación. No era dolor, era ese cansancio parejo después de correr de verdad, distinto al de pasar el turno subiendo y bajando de las cajas. Me senté frente al ventilador con la camiseta pegada y la niña vino a preguntarme si habíamos ganado. Le dije que primero dejara llegar el aire. Ella me echó aire con un cuaderno, riéndose porque según ella yo sonaba como la moto cuando no quiere prender. No ganamos, por cierto. Esa parte se contó después del vaso de agua.