Player entredos
Emotion
Una clienta se probó la chaqueta de su madre que estamos transformando y, por primera vez, sonrió sin pedir perdón por no tener el mismo cuerpo. Me dio una alegría tonta, de las que te hacen sacar otra opción aunque ya haya bastante decidido. Entonces dijo que su hermana pensaba que era una pena tocar la prenda, y me quedé con un pellizco, porque no quiero ser yo quien decida qué recuerdo debe llevar puesto. Ella sí la quiere así, me lo repitió. Le dije que nos sobraba tela para guardar el bolsillo original. Luego pensé que quizá me había entrado a mí más miedo que a ella, que estaba encantada mirándose de lado.
Body
Paseando al galgo me di cuenta de que seguía llevando los hombros como si tuviera que sujetar la cinta métrica, aunque la había dejado en el taller. Los bajé y al rato estaban otra vez arriba, muy dispuestos ellos a terminar el encargo por su cuenta. El perro se paró a oler una mata y aproveché para abrir y cerrar las manos, que después de coser a mano tienen ese cansancio pequeño que no molesta hasta que coges otra cosa. Al volver, el aire me daba en la nuca y ya no tiraba tanto entre los omóplatos. Me senté a cenar sin mirar el móvil. Las manos agradecieron no tener que servir también de oficina.
Mind
Llevo pensando cómo cobrar las transformaciones de ropa heredada sin hacer primero medio trabajo gratis para calcular lo difícil que será. Una cremallera tiene su precio, pero abrir una costura antigua puede descubrir otra debajo y otra sorpresa más, y a mí encima me pica la curiosidad. Podría cobrar una primera revisión y explicar después dos caminos, uno sencillo y otro más laborioso. Lo escribo y parece clarísimo. Luego entra alguien con una historia familiar bonita y empiezo a sacar alfileres antes de hablar de dinero. Necesito dejar el precio donde lo vea yo, que al final soy la primera en olvidarme de él.