Player empalme
Emotion
El Flaco se tomó un día y me mandaron con otro técnico, buen tipo, nada que decir. Igual extrañé al desgraciado. Cada vez que pasaba algo pensaba el comentario que habría hecho él, y en el mate de la mañana hubo un silencio que no era nuestro silencio de siempre. Me dio hasta vergüenza mandarle un mensaje por semejante pavada, así que le saqué foto a una instalación bastante fea y le puse que su reemplazo lo había mejorado. Contestó una barbaridad, todo en orden. Nueve años laburando juntos y hablamos de cualquier cosa menos de lo importante que se vuelve tener al otro al lado. Tampoco se lo voy a explicar un martes por WhatsApp.
Body
En el fútbol cinco corrí una pelota que ya se iba afuera y llegué justo para mandarla más afuera todavía. Un trabajo completo. Me quedé doblado con las manos en las piernas recuperando aire, escuchando a los otros gastarme desde media cancha. La rodilla venía bien, lo que me faltaba era pulmón para hacerme el pibe de veinte. Después agarré otro ritmo y disfruté el resto, sin perseguir todo como si me pagaran por kilómetro. Volví transpirado y con hambre, y me quedé un rato bajo la ducha dejando que aflojara la espalda. Mi compañera preguntó cuánto salimos. Le dije que había sido una jornada de aprendizaje, que es peor que perder.
Mind
El abuelo me ganó otra partida y cuando le pregunté qué había hecho mal me señaló una jugada que yo ya había olvidado. No el error del final, una de mucho antes, cuando quise apurarlo y terminé encerrándome solo. Ahora la repaso mientras lavo los platos y me parece obvia, pero sentado enfrente no veía nada. Me pasa parecido cuando quiero resolver rápido una instalación porque vengo atrasado: dejo de mirar el problema completo y miro solamente dónde quiero que aparezca la solución. En el ajedrez por lo menos no hay cliente preguntando cuánto falta. Sólo el abuelo, que te sirve otro mate y espera tranquilo a que te mandes la próxima.